La Peste Negra

mediados del siglo XIV, entre 1346 y 1347, estalló la mayor epidemia de peste de la historia de Europa. Desde entonces la peste negra se convirtió en una inseparable compañera de viaje de la población europea, hasta su último brote a principios del siglo XVIII. Sin embargo, el mal jamás se volvió a manifestar con la virulencia de 1346-1353, cuando impregnó la conciencia y la conducta de las gentes, lo que no es de extrañar. Por entonces había otras enfermedades endémicas que azotaban constantemente a la población, como la disentería, la gripe, el sarampión y la lepra, la más temida.

La peste negra es producida por el Yersina Pestis, un bacilo que se encuentra en las pulgas de las ratas, cuando dicha pulga picaba a una persona, o esta sufría algún corte en la piel de materiales contaminados, el bacilo se transmitía y se padecía dicha enfermedad. Una vez infectada la persona, empezaba a tener fiebre, dolores de cabeza, náuseas, escalofríos, a tener debilidad y se les hinchaban y dolían los ganglios debido a que las bacterias se trasladaban hasta un nódulo linfático. A esta peste bubónica se le denominó con el nombre de peste negra debido a que a los infectados presentaban marcas oscuras en la piel.
El origen de esta enfermedad se conoció en 1894, por Alexandre Yersin pero en aquella época, ante lo desconocido y la necesidad de buscar un culpable, se le atribuyó diversos orígenes como era por razones geológicas o astrales (todas ellas causadas por una castigo divino), o incluso pensaron que era por envenenamiento por parte de los judíos, ya que el número de judíos infectados fue inferior que el de cristianos, pero esto era debido a sus mejores condiciones higiénicas.
La gente vivió una época de gran horror debido a la peste negra, se refleja en diferentes textos, como en la del cronista florentino que cuenta “Todos los ciudadanos hacían poco más que cargar cadáveres para que fueran enterrados. En cada iglesia cavaban profundas fosas hasta la napa de agua; y así, aquellos que eran pobres y morían durante la noche, eran recogidos rápidamente y arrojados a la fosa. Por la mañana, cuando un gran número de cuerpos se hallaba en la fosa, tomaban un poco de tierra y la echaban con palas sobre ellos; más tarde otros cadáveres eran depositados sobre ellos y entonces ponían otra capa de tierra, tal como uno hace lasaña con capas de pasta y queso.”
La medicina no consiguió hacer nada y no encontraba una explicación a este hecho, y muchos médicos fueron infectados al atender a sus pacientes. Se tomó como una medida aislar a los pacientes infectados durante un periodo de cuarenta días (de donde proviene el término de cuarentena) y hasta entonces, cuando consideraban que ya no era peligroso, no entraban en contacto con él.
Esta enfermedad tuvo rebrotes ocasionales de no más de dos años y locales y reaparecía cada pocos año.

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